Compartir fe y vida para crecer juntos

ORAR

17. «Orad en todo momento» (Lc 21, 36), nos dice Jesús. Lo dice porque te ama. Lo dice por tu bien.

16. ‘No tengo tiempo para hacer oración’, -dices.

Reflexiona un momento: tienes tiempo para el trabajo, para la familia, para los amigos, para las compras, para el gimnasio, para las redes sociales… y ¿no tienes tiempo para Dios?

15. A veces podemos creer que Dios no nos escucha. ¿Cómo podemos pensar que Dios Padre desoye las súplicas de sus hijos e hijas?… ¿Cómo podemos creer que Dios, Amor puro y eterno, se desentiende de nosotros?… «Dios, escucha la oración de los justos» (Pro 15, 29 )

14. Orar, como dice Santa Teresa, es encontrarnos con Aquel que sabemos que nos ama.

13. «Por la mañana, muy temprano, antes de amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y se quedó allí orando» (Mc 1, 35).

Los Evangelios narran que Jesús se retiraba a menudo a lugares solitarios aprovechando las primeras horas de la mañana o al anochecer para estar a solas con su Padre:

¿No te mueve este ejemplo de Jesús a buscar también ratos de silencio para estar a solas con tu Padre Dios?

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12. Jesús nos invita a perseverar en la oración: «Pedid y se os dará, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá» (Lc 11, 9-13).

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11. Dices: ‘Me cuesta rezar, no sé como hacerlo’… Busca un lugar tranquilo, sin ruidos, serena tu mente, deja tus preocupaciones a un lado, entra dentro de ti y di: «Dios mío, no sé rezar, ayúdame»… Estate seguro que ya has empezado a orar.

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10. La prueba de que amas a Dios es que dedicas cada día un rato para estar a solas con Él.

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9. Orar es hablar con Jesús como lo haríamos con un amigo íntimo.

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8. La oración es el encuentro entre dos corazones que se aman, el tuyo y el de Dios.

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7. Si dejáramos de regar las plantas que tenemos en casa, se irían marchitando hasta secarse del todo. Igual le pasa al cristiano que no riega su alma con el agua de la oración, su energía interior se va marchitando poco a poco, sin que él mismo se de cuenta, hasta que se queda sin energía, sin vida… ¡SIN DIOS!

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6. ¿Puede haber una cosa más importante que dedicar cada día unos minutos a Aquel que sabemos que nos ama infinitamente y nos regala la vida y la eternidad?…

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5. Dedicar cada día un rato a la oración facilita que vivamos en la presencia amorosa de Dios a lo largo del día. Con Él no nos sentimos nunca solos.

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4. La oración no es solo para pedir cosas. En la oración podemos adorar a Dios y alabarle y amarle. Cuando hacemos oración estamos demostrando a Dios que queremos estar con Él y que le amamos.

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3. Orar es hablar con Jesús en la intimidad de nuestro corazón. Hablarle como lo haríamos con un buen amigo, compartiendo nuestros deseos más íntimos, nuestras ilusiones, nuestros temores y tristezas, nuestras alegrías y dificultades… todo. Con Él podemos desahogarnos confiadamente y reencontrar la paz, la alegría, confianza, fortaleza y luz.

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2. La verdadera oración es la que se hace con el corazón, no solo con los labios.

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1. Orar es, sencillamente, hablar con Dios, no desde la mente, sino desde el corazón.